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Juan Carlos Tabio

Octubre - 2021

En 1993 los cines de La Habana a pesar de la difícil situación por la que atravesaba la isla, se llenaron. Todos los cubanos sin distinción de ningún tipo, acudieron en masas para conocer la historia de David y Diego, historia que hicieron suya de inmediato. El artista al que dedico este homenaje lamentablemente hoy ya no está entre nosotros. Juan Carlos Tabio nos deja, pero como pasa siempre con los artistas, su obra forma ya parte de la memoria de muchos en el mundo.

Con sus más de 30 documentales realizados entre el 63 y el 80 nos hizo más conscientes de cómo nos veíamos ante el mundo. Su primer largometraje Se permuta, devolvió al cine a Rosa Fornés, nuestra Rosita, una de las grandes figuras que de otro modo hubiera caído en el olvido y llamó la atención de los cubanos al problema de la vivienda que aún hoy sigue siendo parte de nuestro día a día.

De ahí en adelante tal vez por su vocación de documentalista o a lo mejor por su condición de cubano a todas, no paró de retratar con humor a veces un poco negro quienes éramos los cubanos. ¿Quién no conoce alguna madre llamada Concha como el personaje interpretado por Deisy Granados en Plaff?  El segundo largometraje de Tabio que hizo y hace reír y reflexionar sobre el miedo a vivir.

Sin casi darnos tiempo para recuperar el aliento unió fuerzas y talento con Tomás Gutiérrez Álea que, en los primeros años 90, enfermó, viéndose obligado a codirigir sus dos películas siguientes con su amigo Juan Carlos Tabío. La primera, Fresa y chocolate se convirtió en la primera película cubana nominada para los Óscar de la academia como mejor película extranjera. Y le valió Oso de Plata en el Festival de Berlín.

La historia de la película se centra en la relación conflictiva entre un estudiante marxista convencido y un artista gay. Y dos años más tarde los dos grandes del cine cubano vuelven a la carga con Guantanamera,  que emplea elementos ya tradicionales, tales como una trama de interrelaciones y una comedia romántica para llegar a un acercamiento más sutil hacia los viejos blancos de Gutiérrez: el subdesarrollo y la burocracia.

Un año después Tabio se despide de su amigo y mentor Titón y emprende la realización de Lista de espera película que escribió junto a Arturo Arango y Senel Paz y como era de esperar otra vez logró tocar fibras sensibles de nuestra cotidianidad con una comedia romántica donde afloran los mejores sentimientos humanos en una situación extrema, pero como Tabio nunca fue un caso social no se quedó ahí y el 24 de octubre del 2008, los cines esta vez de España recibieron El cuerno de la abundancia un homenaje cubano a Bienvenido, Mister Marshall de Luis García Berlanga. Cuando dos meses después entró al Festival Internacional de Cine de la Habana se quedó con Tercer premio Coral al largometraje de ficción y otra vez junto a Arturo Arango se alzó con el Premio Coral de guion.

Aun después de tantos premios y reconocimientos que no creo le hagan justicia, Tabio siguió demostrando ser un buen jugador de equipo, pues en el 2012 se unió a un grupo de 7 directores de la talla de Gaspar Noe y Pablo Trapero para realizar la que sería su última incursión en el cine, con el cortometraje Dulce y amargo que forma parte de 7 días en La Habana. En tan poco tiempo es imposible aquilatar la magnitud del legado al cine cubano 
que deja Juan Carlos Tabio.

A través de su cine con la característica tan cubana de reírnos de nuestras desgracias nos regaló momentos inolvidables.  Utilizando historias cotidianas, se convirtió en cronista de su tiempo. Por ser maestro e inspiración para los que como él necesitamos contar historias y por ser un cubano a carta cabal recordamos a Juan Carlos Tabio.

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